«Pierde tu mente y recupera tus sentidos». Esta frase de Fritz Perls, padre de la Terapia Gestalt, fue considerada durante años como una provocación hippie de los años 60. Se pensaba que era una invitación al hedonismo o a la irracionalidad.

Sin embargo, medio siglo después, la neurociencia del trauma ha llegado a una conclusión sorprendente: Perls tenía razón.

En esta segunda entrega de nuestra serie Gestalt y Ciencia, exploramos por qué el cuerpo es la pieza que faltaba en el rompecabezas de la salud mental y cómo la ciencia moderna (con la Teoría Polivagal y los estudios sobre trauma) confirma lo que en la Gestalt practicamos a diario: no se puede sanar la mente si ignoramos al cuerpo.

El error de Descartes: «Pienso, luego existo»

La psicología tradicional operó durante mucho tiempo bajo un modelo «Top-Down» (de arriba hacia abajo). La creencia era: si cambio mis pensamientos, cambiarán mis emociones y mi cuerpo se calmará.

Esto funciona muy bien para problemas lógicos, pero falla estrepitosamente cuando hablamos de trauma, ansiedad profunda o dolor emocional.

Expertos mundiales como Bessel van der Kolk, autor del best-seller El cuerpo lleva la cuenta (The Body Keeps the Score), han demostrado mediante escáneres cerebrales que cuando una persona se siente amenazada o revive un trauma, el lóbulo frontal (la parte racional y verbal del cerebro) se apaga.

Por eso, decirle a alguien con un ataque de ansiedad «tranquilo, no pasa nada, es irracional» no sirve. Su cerebro racional está «fuera de cobertura».

La revolución del «Bottom-Up»: El enfoque Gestáltico

La Terapia Gestalt siempre ha sido pionera en el enfoque «Bottom-Up» (de abajo hacia arriba). En lugar de intentar convencer a tu mente, empezamos escuchando a tu cuerpo.

Cuando en una sesión en el IPG de Madrid te preguntamos «¿Qué sientes en tu cuerpo al contarme esto?» o «¿Qué quiere hacer tu mano ahora mismo?», no es una pregunta poética. Es una intervención neurológica directa.

Al acceder a la sensación física (un nudo en el estómago, una tensión en la mandíbula, un impulso en las piernas), estamos accediendo directamente al cerebro límbico y al tronco encefálico, las zonas donde se almacena el trauma y donde la palabra no llega. Al permitir que el cuerpo complete el movimiento o libere la tensión, la mente se calma como consecuencia, no como causa.

La Teoría Polivagal: Tu sistema de seguridad interno

Otro gigante de la ciencia actual que valida el modelo gestáltico es el Dr. Stephen Porges y su Teoría Polivagal.

Porges descubrió que nuestro Sistema Nervioso Autónomo no tiene solo dos marchas (relajado o estresado), sino que funciona como una jerarquía de respuesta ante el peligro:

  1. Conexión Social (Ventral Vagal): Nos sentimos seguros, conectados y en calma. Es el estado óptimo para la terapia.
  2. Lucha o Huida (Simpático): Hay peligro. Nos aceleramos, sentimos ansiedad o ira.
  3. Congelación/Colapso (Dorsal Vagal): El peligro es excesivo y no podemos escapar. Nos desconectamos, disociamos o deprimimos.

¿Qué tiene que ver esto con la Gestalt? Todo. Muchos pacientes llegan a consulta atrapados en modo «Lucha» (ansiedad crónica) o «Congelación» (depresión/apatía). La Gestalt trabaja específicamente para restablecer la seguridad.

A través del contacto, la voz del terapeuta y la atención al cuerpo, ayudamos al paciente a «escalar» de nuevo hacia el estado de Conexión Social. La corregulación (calmarse gracias a la presencia tranquila de otro) es la base biológica del vínculo terapéutico gestáltico.

En el IPG: Diálogo con el cuerpo, no sobre el cuerpo

La diferencia de nuestro enfoque en el IPG es que no tratamos al cuerpo como un objeto a analizar («te duele el cuello porque tienes mucha carga»), sino como un sujeto con el que dialogar.

  • No interpretamos tu postura; te invitamos a exagerarla para ver qué mensaje esconde.
  • No ignoramos tu respiración; la usamos como brújula para saber si tu sistema nervioso se siente seguro o amenazado.

Integramos la calidez humanista con esta precisión neurobiológica. Entendemos que el cuerpo nunca miente. El cuerpo es el guardián de nuestra verdad más profunda y, cuando aprendemos a escucharlo en lugar de anestesiarlo, se convierte en nuestro mayor aliado para la sanación.

Conclusión: Volver a casa

Durante años aprendimos a vivir «cortados de cuello para abajo», habitando solo en nuestra cabeza para no sentir dolor. Pero el precio a pagar fue dejar de sentir también la alegría, el placer y la vitalidad.

La ciencia nos dice hoy lo que la Gestalt intuyó ayer: para recuperar tu salud mental, tienes que recuperar tu cuerpo.

Referencias para profundizar:

  • Van der Kolk, B. A. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma.
  • Porges, S. W. (2011). The Polyvagal Theory: Neurophysiological Foundations of Emotions, Attachment, Communication, and Self-regulation.
  • Damasio, A. (1994). Descartes’ Error: Emotion, Reason, and the Human Brain.