Si alguna vez has intentado cambiar un hábito a fuerza de voluntad y has fracasado, este artículo es para ti.
En la Terapia Gestalt tenemos una frase que repetimos a menudo, formulada por Arnold Beisser, llamada la Teoría Paradójica del Cambio:
«El cambio se produce cuando uno se convierte en lo que es, no cuando trata de convertirse en lo que no es».
Durante años, esto sonó a enigma filosófico. ¿Cómo voy a cambiar si me acepto tal cual soy? ¿No debería luchar contra mis defectos?
Hoy, la neuroplasticidad ha venido a resolver el enigma. La ciencia nos confirma que luchar contra uno mismo no solo es agotador, sino que neurológicamente es poco eficiente. Para recablear el cerebro, primero hay que encender la luz de la conciencia.
Tu cerebro es un bosque de caminos
Hasta hace poco, la neurología creía que el cerebro adulto era estático: «loro viejo no aprende a hablar». Hoy sabemos que es mentira. El cerebro es plástico y cambia su estructura física hasta el último día de vida.
Imagina tu cerebro como un bosque denso. Cada vez que piensas, sientes o haces algo, se crea un sendero entre tus neuronas.
- Si siempre reaccionas con ira ante la crítica, ese sendero se convierte en una autopista.
- Si nunca has practicado la autocompasión, ese sendero es apenas una trocha llena de maleza.
La Ley de Hebb, un principio fundamental de la neurociencia, lo resume así: «Las neuronas que se disparan juntas, permanecen conectadas».
El problema de muchos pacientes no es que «sean» depresivos o ansiosos, es que tienen autopistas neuronales muy eficientes para la depresión o la ansiedad. Su cerebro toma ese camino por defecto porque es el más rápido y fácil.
El «Darse Cuenta» (Awareness) como bisturí neuronal
Aquí es donde entra la técnica estrella de la Gestalt: el Awareness o «Darse Cuenta».
La mayoría de las personas viven en piloto automático. El estímulo llega (me critican) y la reacción salta (me defiendo) en milisegundos, recorriendo la vieja autopista neuronal.
En el IPG de Madrid, entrenamos el Darse Cuenta para introducir una pausa consciente en ese proceso. Cuando el terapeuta te detiene y te dice: «¿Te das cuenta de lo que acabas de hacer con tu voz?» o «Quédate un momento ahí, en esa emoción», está obligando a tu cerebro a:
- Frenar el disparo automático (inhibición cortical).
- Encender la corteza prefrontal (la zona de la decisión consciente).
- Debilitar la vieja conexión y empezar a trazar una nueva.
No podemos cambiar lo que no vemos. Al iluminar el automatismo, le quitamos su poder de actuar en la sombra.
Por qué «luchar» no funciona (y aceptar sí)
Volvamos a la paradoja de la Gestalt. ¿Por qué tengo que aceptar lo que soy para cambiar?
La neurociencia nos muestra que cuando nos juzgas, nos criticamos o peleamos contra lo que sentimos («no debería estar triste», «tengo que ser más fuerte»), activamos el sistema de amenaza del cerebro (amígdala). Esto nos llena de cortisol y bloquea la capacidad de aprendizaje. Un cerebro estresado o en guerra consigo mismo no tiene energía para crear nuevas conexiones.
Sin embargo, cuando practicamos la aceptación de la experiencia presente (la base de la Gestalt), el cerebro sale del modo amenaza. Se relaja. Y solo en ese estado de seguridad es posible la neurogénesis y la creación de nuevas rutas.
Aceptar tu miedo es el primer paso biológico para construir la ruta de la valentía.
En el IPG: Un gimnasio para tu cerebro
La terapia en nuestro centro no es solo «ir a desahogarse». Es un entrenamiento. Cada sesión es una oportunidad para detectar tus «autopistas del dolor» y, en un entorno seguro, atreverte a caminar por senderos nuevos:
- Si tu automático es aislarte, probamos el sendero de pedir ayuda.
- Si tu automático es complacer, probamos el sendero de decir «no».
Al principio, el camino nuevo es difícil (como caminar entre la maleza). Pero gracias a la neuroplasticidad, cuanto más lo transitas en terapia, más fácil se vuelve usarlo en tu vida diaria.
Conclusión: Eres el arquitecto de tu mente
La Gestalt nos enseña a responsabilizarnos de nuestra vida. La ciencia añade ahora un matiz fascinante: al responsabilizarte de tu atención y de tus actos, estás rediseñando la arquitectura física de tu cerebro.
No estás condenado a repetir tu pasado. Tu biología está diseñada para el cambio; solo necesita que le prestes atención.
Referencias para profundizar:
- Doidge, N. (2007). El cerebro se cambia a sí mismo.
- Hebb, D. O. (1949). The Organization of Behavior.
- Schwartz, J. M., & Begley, S. (2002). The Mind and the Brain: Neuroplasticity and the Power of Mental Force.











