Termina el día. Has respondido mensajes, participado en reuniones y hablado con varias personas. Sin embargo, cuando alguien te pregunta cómo estás, descubres que no lo sabes muy bien.

Has estado disponible para todo el mundo, pero apenas has tenido un momento para escucharte. Y quizá tampoco has encontrado un espacio donde contar cómo estás sin tener que resumirlo en un «bien, un poco cansado».

Esta experiencia resulta familiar a muchas personas. Podemos mantener numerosas conversaciones y seguir sintiéndonos solos. Podemos compartir nuestra vida y sentir que nadie llega a encontrarnos.

En este contexto, la formación en Terapia Gestalt ofrece una oportunidad especialmente valiosa: aprender a reconocer cómo entramos en contacto con nosotros mismos, con los demás y con el mundo que habitamos.

La salud mental también necesita vínculos

La crisis de salud mental tiene muchas dimensiones. Influyen las condiciones de vida, la precariedad, las experiencias adversas y las dificultades para acceder a una atención adecuada. La pérdida de conexión merece un lugar en esa conversación.

En su informe de 2025, la Organización Mundial de la Salud estimó que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad. También señala que el aislamiento y la soledad tienen consecuencias importantes para la salud mental y física. Informe de la OMS sobre conexión social.

Conviene distinguir estar solo de sentirse solo. Un rato de soledad elegida puede ayudarnos a descansar y encontrarnos. El sufrimiento aparece cuando falta la cercanía que necesitamos, incluso estando acompañados.

Por eso, cuidar la salud mental implica atender también a una pregunta: ¿qué posibilidades tenemos de sentirnos escuchados, reconocidos y apoyados?

Qué significa «contacto» en Gestalt

En Gestalt, el contacto va más allá de conversar o estar físicamente cerca de alguien. Es el proceso por el que nos encontramos con nuestro entorno, reconocemos lo que necesitamos y respondemos a lo que sucede.

Hay contacto cuando puedo escuchar una emoción y darle espacio. Cuando recibo las palabras de otra persona sin preparar inmediatamente mi respuesta. Cuando expreso un deseo, pongo un límite o me dejo ayudar.

También cuando reconozco que necesito descansar y me retiro.

Un buen contacto necesita cercanía y diferencia. Puedo estar contigo y conservar mi criterio. Puedo quererte y decirte que algo me duele. Puedo participar en un grupo sin renunciar a mí para pertenecer.

Desde esta perspectiva, la Gestalt es una terapia del contacto porque explora cómo se produce ese encuentro, qué lo dificulta y qué apoyos permiten ampliarlo.

Las formas cotidianas de desconectarnos

La desconexión suele aparecer en gestos pequeños.

Dices que sí mientras aprietas la mandíbula. Haces una broma cuando estás a punto de llorar. Escuchas un problema y enseguida ofreces soluciones, porque te cuesta permanecer junto al dolor del otro.

A veces aprendimos estas maneras de responder para protegernos o mantener relaciones importantes. Merecen comprensión. Pero pueden convertirse en hábitos que limitan nuestra experiencia.

El ritmo de vida tampoco siempre ayuda. La prisa reduce las pausas; la presión por rendir puede dejar las necesidades propias para después. Las herramientas digitales permiten sostener vínculos valiosos, aunque una conversación fragmentada entre notificaciones puede dificultar la atención que un encuentro necesita.

La pregunta es qué calidad de presencia podemos ofrecer y recibir en nuestras relaciones.

Una formación que se aprende viviéndola

Puedes leer mucho sobre escuchar y descubrir, frente a otra persona, que te cuesta tolerar un silencio. Puedes comprender la importancia de los límites y sentir miedo cuando necesitas expresar uno.

La formación Gestalt permite explorar esa distancia entre saber algo y poder llevarlo a la experiencia.

En el IPG de Madrid, la formación combina teoría, práctica y trabajo vivencial en grupo. El autoconocimiento y la observación de la propia forma de relacionarse forman parte del aprendizaje, junto con el estudio del enfoque y de la actitud terapéutica. Formación en Terapia Gestalt del IPG.

Así, un concepto adquiere una dimensión personal: puedo descubrir cuándo dejo de escucharme, cómo evito pedir ayuda o qué sucede cuando alguien piensa de manera diferente.

El grupo como lugar de encuentro

En un grupo aparecen muchas de las experiencias de nuestra vida cotidiana: el deseo de pertenecer, la comparación, la vergüenza, la necesidad de reconocimiento o el temor al conflicto.

Con un encuadre cuidado, esas experiencias pueden convertirse en material de aprendizaje.

Quizá descubres que intervienes para llenar cualquier silencio. O que esperas a que alguien te dé permiso para hablar. Tal vez compruebas que una diferencia puede expresarse sin romper la relación.

El grupo ofrece oportunidades para ensayar otras formas de estar:

  • Escuchar sin apresurarse a aconsejar.
  • Expresar una necesidad con claridad.
  • Reconocer un límite propio y respetar el ajeno.
  • Recibir apoyo sin sentir que por ello valemos menos.

Este aprendizaje necesita tiempo, respeto y libertad para decidir cuánto compartir. El contacto se construye atendiendo también a los límites de cada persona.

Un aprendizaje que puede acompañarte fuera del aula

La formación puede aportar recursos a quienes trabajan acompañando personas y a quienes buscan profundizar en su desarrollo personal.

Para los profesionales, invita a observar cómo la propia historia y las propias reacciones participan en la relación de ayuda. Para la vida cotidiana, ofrece un espacio donde explorar maneras más conscientes de escuchar, pedir, disentir y cuidar los vínculos.

Sus aportaciones deben entenderse dentro de su alcance: la formación no sustituye la atención clínica que una persona pueda necesitar, y su aplicación profesional depende de las competencias y cualificaciones de quien la realiza.

Recuperar espacios donde encontrarnos

Responder a la crisis de salud mental requiere servicios accesibles, condiciones de vida dignas y redes de apoyo. En ese esfuerzo colectivo, también tienen valor los espacios donde aprender a relacionarnos con más atención.

La formación Gestalt puede ser uno de ellos: un lugar para detenernos, reconocer lo que nos ocurre y descubrir cómo participamos en nuestros encuentros.

En la Escuela del IPG de Madrid, esta es una parte esencial del aprendizaje que proponemos.

Porque aprender Gestalt también es aprender a estar presentes: con lo que sentimos, con quienes nos acompañan y con la vida que sucede entre nosotros.

Nacho Martín