El Rosal del Darse Cuenta: Un Viaje del Héroe
En la Terapia Gestalt existe un trabajo clásico, íntimo y profundamente revelador: invitar a alguien a cerrar los ojos y visualizarse convertido en un rosal. ¿Dónde creces? ¿Cómo son tus raíces, tus espinas y tus flores? Todo rosal que aspira a florecer de verdad debe emprender su propio viaje del héroe; debe romper la seguridad de la semilla, atravesar la oscuridad de la tierra, resistir las tormentas y no conformarse nunca con la comodidad de quedarse bajo la superficie. Esta es la hermosa y valiente historia de un rosal que echó sus primeras raíces en el suelo de Madrid hace exactamente medio siglo.
Todo viaje del héroe comienza con una llamada a la aventura y una negativa a quedarse en lo fácil. En los albores de los años setenta, una joven inquieta llamada Ángeles Martín escuchó esa llamada. Se negó a acomodarse en la zona de confort de la «psicología oficial» y la fría teoría de los manuales. Sentía que había algo más, una psicología viva y humanista. Para encontrarla, tuvo que cruzar el umbral. Entre finales de 1974 y 1975, el destino la llevó a Buenos Aires. Allí, en la intensidad del Hospital Moyano y en los míticos maratones terapéuticos de más de cuarenta horas, conoció a sus grandes mentores: Pancho (Francisco Huneeus) y Nana (Adriana Schnake). De su mano descubrió la potencia de la actitud gestáltica. Ángeles superó la prueba y no regresó a España con las manos vacías; traía consigo el elixir, un esqueje fuerte y lleno de vida listo para ser plantado.
En febrero de 1976, esa pequeña rama arraigó formalmente. Nacía el Instituto de Psicoterapia Gestalt (IPG). En esos primeros tiempos, el brote se nutrió del esfuerzo de unos aliados incondicionales, los primeros jardineros: Agustín Herrero, Santiago Sánchez, Malena Calvo, Gloria Penella, Pepa Nevado, Francisco Martín y Pilar Gutiérrez. Fueron años de una hermosa entrega en cuerpo y alma, donde el abono principal era la amistad y la avidez por aprender.
Durante la década de los ochenta, el rosal ofreció sus primeras grandes flores, expandiendo el mensaje. Brotó el primer libro de Gestalt publicado en España, coescrito por Ángeles y C. Vázquez: «Cuando me encuentro con el Capitán Garfio (no) me engancho». El dulce aroma de este rosal atrajo a grandes maestros de la disciplina de todo el mundo. Figuras clave como Claudio Naranjo, John Pierrakos, o Joseph y Sandra Zinker se acercaron a nutrir la tierra, viniendo a aportar sus inmensos conocimientos a la psicología y, sobre todo, su sincera amistad. Entre ellos, siempre brilló el entrañable Arnoldo Liberman —prolífico escritor, gran melómano y maestro de ceremonias del centro—, quien con su amoroso afecto curaría heridas y sanaría almas.
Pero no hay transformación profunda sin atravesar la dificultad. El camino del crecimiento exige sostenerse en el vacío y no huir del dolor. Los años noventa trajeron inviernos fríos, épocas de grandes cambios y convulsiones. Lejos de marchitarse, el rosal fortaleció sus espinas y expandió sus ramas hacia nuevas corrientes. En 2001, con el rosal ya maduro, se celebraron las Bodas de Plata, y en 2002 el viento llevó semillas hasta Lisboa para fundar la Sociedade Luso-Española de Terapia Gestalt junto a Macarena Diuana y M.ª Joao Costa.
Sin embargo, la gran prueba de fuego, el «descenso a los infiernos» de este viaje, llegaría en 2006. Una poda drástica sacudió al instituto: la demolición de su entrañable sede en el chalé de Tiziano. Parecía la pérdida irreparable de un sueño. Frente al abismo, el IPG no elegió el camino fácil de la rendición. Fiel a la actitud gestáltica, el equipo atravesó la pérdida, integró la dificultad y la transformó en impulso. De esa separación necesaria de espacios, consolidaron con fuerza la Escuela de Terapia Gestalt, diferenciando la atención clínica de la formación y agrandando así el espacio para la docencia. El rosal había resurgido más fuerte que nunca.
El final del viaje del héroe es siempre el regreso al mundo para entregar la sabiduría alcanzada. En las décadas posteriores, la pluma de Ángeles continuó regalando frutos imprescindibles. A su célebre «Manual Práctico de Psicoterapia Gestalt», le siguieron hermosas floraciones como «Los sueños en Psicoterapia Gestalt» (2009) y la obra coral «El oficio que habitamos» (2012), reuniendo testimonios y reflexiones de terapeutas gestálticas. Toda esta sabiduría desembocó en su entrega más reciente: «Gestalt en la práctica. Propuestas y ejercicios» (2022), escrita a cuatro manos junto a Carlos Matesanz. Estas obras florecen como la gran cosecha de su viaje, diseñadas para que la semilla de la Gestalt siga germinando en las manos de otros. Con estos frutos, la influencia del IPG poliniza hoy las aulas universitarias, tejiendo un puente robusto entre el rigor académico y la profunda calidez vivencial del humanismo.
Y así, atravesando tormentas y abrazando el sol, llegamos a este año 2026. Aquella planta que nació de una llamada a la aventura es hoy un rosal espléndido que cumple cincuenta años. Un organismo vivo que no se detiene en la comodidad del éxito pasado, sino que sigue avanzando, formando a cientos de terapeutas y actualizando la Gestalt ante los desafíos del presente.
Hoy celebramos el coraje de no quedarse en lo fácil. Celebramos cada espina que protegió la esencia, cada raíz que sostuvo en la tormenta, y cada rosa que ha florecido en forma de «darse cuenta», lágrimas y risas. Gracias a Ángeles Martín por iniciar este viaje, y a todos los que habéis aportado vuestra savia a lo largo del tiempo.
Medio siglo después, seguimos avanzando, difundiendo y contagiando Gestalt.











